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NBA Finals

Diario de viaje: crónica de una final NBA accidentada

23:36 16/06/2024 | Finalmente estamos en Estados Unidos cubriendo las Finales de la NBA, pero no todo fue color rosa. Como siempre, hubo algún que otro contratiempo que nos hizo sudar de lo lindo. La historia, contada como la contamos siempre en Básquet Plus.

Con el gran Ernesto Jerez y el Flaco Nogueira en Dallas

La aclaración inicial dice: nunca jamás en la vida ir a cubrir una final de la NBA puede tener algo negativo, triste o criticable. Punto. De ahí en más, contaremos la historia de este viaje de Básquet Plus a Estados Unidos para el Juego 4 de la definición de la mejor liga del mundo.

Para que no haya críticas anticipadas. Nosotros armamos los viajes con mucha anticipación, para poder viajar con millas o vuelos baratos, y por eso jamás podemos saber qué equipos llegarán a las finales ni qué conferencia tendrá ventaja de localía. Al mismo tiempo, por una cuestión de días disponibles, hace 3 años que venimos arrancando la cobertura en los Juegos 4 (medida que será revisada a futuro). Y casi siempre llegando a Estados Unidos el mismo día de ese Juego 4.

Tanto en el 2022 (Boston) como en el 2023 (Miami), los astros se unieron y nos fue muy sencillo llegar al partido, porque nuestro destino final de vuelo fue Miami en ambos casos. En este era Nueva York y la complicación extra era que había que llegar al Oeste el mismo día, y con no tantas opciones, ya que nuestro avión aterrizaba en NY a las 10am.

Como somos de armas tomar, jugamos al fleje: sacamos un vuelo por Spirit a las 12.51, pero no desde el mismo aeropuerto al que llebágamos (JFK) sino desde La Guardia, pero con mucha fe. El viaje tuvo un toque inicial mágico que nos hizo creer que realmente hay alguien en otro plano que maneja los hilos a su manera: por motivos que desconocemos, Aerolíneas Argentinas nos pasó a ejecutiva en el viaje de ida. Arranqué tocando el cielo con las manos.

Yo ya venía del salón lounge donde me había clavado 4 copitas de Catena para dormir relajado, sin saber que volvería a tener Catena en el vuelo. Obviamente sumé la 5º, más algo de salmón, ensalada (de verdad), postre, café (de verdad) y copita de champán que rechacé por vergüenza. De ahí hasta NYC dormí como un bebé (un bebé un poco tocado por el tinto, pero bue). Todo marchaba en orden. El plan empezaba bien.

Al llegar al JFK, por haber viajado en ejecutiva, salí primero, pasé aduanas rápido, con la valija en mi poder (no había despachado), así que sumaba tiempo a mi favor. El trayecto era así: del JFK a Jamaica en el mismo tren desde el aeropuerto, combinación con el Metro y a La Guardia. De ahí avión a Dallas 12.51, llegada 15.15 y luego tren al hotel, ducha, y a la cancha. El partido era 19.30. Había margen.

La primera parte JFK-Jamaica fue tranquila. Todo muy simple y bien señalizado, incluso para pagar con el teléfono. Hasta el Metro fue todo perfecto. Los problemas empezaron al llegar a La Guardia. El Metro me dejó en la Terminal B (no iba a la A) y demoró un rato el bus para ir de una terminal a la otra.

Pero el grueso del lío empezó ya en la terminal, donde una persona sola recibía los equipajes para despachar de varios vuelos de Spirit. Ya de por sí la terminal bajaba bastante la calificación del aeropuerto. Pasamos por una fila rápida porque ya se complicaba el horario (en la cinta de control laburaban 3 y 20 festejaban no queda claro qué, pero aplaudían cada 2 minutos), me hicieron pasar dos veces la mochila porque me había olvidado el ipad adentro, pero finalmente entré con unos 15 minutos de margen para embarcar.

La realidad es que, si bien muchas veces hace calor en los aviones (acá la temperatura andaba por los 25 grados), y se corrige al despegar, se notaba una sofocación excesiva ya dentro de la nave. La cuestión es que con todos los pasajeros sentados, los equipajes rebalsando los sitios correspondientes y esperando por el despegue, la azafata tiró la bomba: “Por motivos de sobrecarga térmica, deben salir todos al lugar de preembarque hasta que corrijamos este problema”.

Era la primera vez en mi vida que escuchaba esa situación. Salimos todos y empecé a rezar. Media hora, una hora, hora y media. Yo le iba sacando minutos a todo lo que tenía que hacer después. Hasta pensé ir directo a la cancha, cambiarme en un baño y listo, pero 24 horas después de salir de mi casa no me parecía una solución higiénica y la descarté por el momento.

La cuestión es que el vuelo salió 14.10, una hora y 20 más tarde, pero mágicamente aterrizó solo 45 minutos después (se ve que agarró un atajo), con lo cual la situación no era dramática. El problema central fue el tiempo que tardó en salir la valija, más de media hora. Entonces empecé a cortar clavos. Del aeropuerto salí a las 5.30, enganché el tren más o menos rápido y 6.20 estaba bajándome en la estación más cercana al hotel, donde un Uber que había pedido desde el tren prácticamente llegaba al mismo tiempo.

Acá conviene hacer un análisis minuto a minuto:
6.28 llegué al hotel
6.35 entré a la habitación
6.45 salí bañado y cambiado de la habitación (mientras me cambiaba iba pidiendo otro Uber para ir a la cancha)
6.50 me levantó el Uber
6.59 llegué al estadio, pero tenía primero que retirar la credencial en un hotel a una cuadra de la cancha
7.10 me dieron la credencial

7.20 estaba adentro del American Airlines Center

Obviamente no tuve tiempo ni de grabar cositas dentro del estadio (solo algunas afuera), ni de comer nada, ni siquiera de ver qué asiento me habían dado. Solo fui orientado por la zona donde presumía estar (me la había adelantado el Flaco Nogueira), y hacia allí fue. Como me encontré con mi amigo y colega portugués, Miguel Candeias, me quedé con él y ahí pude desenvalar y sentarme. Después ví que estaban varios conocidos un poquito más arriba: el gran Álvaro Martín con nuestro Ariel Rearte, Leo Margo con Ison Patoco y algunos más.

En medio de todo esto me empecé a decir a mí mismo: si gana Boston y termina hoy me tengo que pegar un tiro en los huesos. ¿Todo esta logística para ver un solo juego? Pero Luka, un amigo, se puso las pilas, los Celtics boludearon como de costumbre en un partido de la serie y habrá más finales.

El cierre fue el típico después de la tormenta: post partido en el hospitality que la NBA arma para la prensa acreditada (lástima que todo lo que era carne no se podía ni intentar comer del picante que tenía), unas cervezas con amigos como Ernesto Jerez, Fabricio Oberto y Leo Montero, el armado de lo que se viene con el Flaco Nogueira ahora de compañero de ruta (sacar pasajes y hotel en Boston), y a dormir en paz, con el deber cumplido. Ahora sí, a disfrutar de las finales.

Fabián García / [email protected]
Enviado especial a Dallas y Boston (Estados Unidos)
En Twitter: @basquetplus

 

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