NBA 2019/20

Joel Embiid, el chico que siempre soñó con jugar en la NBA

19:33 21/12/2019 | El nacido en Camerún se imaginaba enfrentando a leyendas como Kobe Bryant. Sorteó dificultades y finalmente cumplió con lo propuesto.

Embiid es el pilar de Sixers (Foto: NBA)

La práctica es en Kansas y es la primera del año. Los jugadores están relajados, distendidos tras el disfrute veraniego. Sin embargo, el entrenador decide hacer un partido amistoso entre los integrantes del equipo con la excusa de que se conozcan mejor. Los titulares irán por un lado y los suplentes por el otro. Una vez empezado el encuentro, la falta de ganas sigue siendo una constante, no hay mucha disposición defensiva y en ataque sólo se realizan aclarados, no hay jugadas. 

Todo cambia cuando Tarik Black, jugador de cuarto año, agarra un rebote ofensivo tras un tiro de uno de los suplentes. Él mismo decide trasladar el balón, nadie lo puede parar y cada vez se acerca más al área rival. Luego de botar varias veces el balón, el interno llega a la zona pintada, salta sobre un defensor que tenía las manos arriba, toma vuelo y machaca el aro con tal despotismo que el entrenador decide dar por terminado el enfrentamiento. 

Ese defensor que intentó displicentemente parar a Tarik era nada más y nada menos que Joel Embiid, el pívot de Philadelphia 76ers. Tras la práctica, el africano fue objeto de burlas de todos aquellos que presenciaron el partido en las gradas del gimnasio de la Universidad de Kansas. ¿Su decisión? Fue corriendo a la oficina de Bill Self, entrenador principal, y le comunicó que no podía ser parte del equipo, que no tenía el talento suficiente para estar allí. “No puedo. Bórrame. No puedo jugar contra estos tíos”, expresó.  

Insólitos comienzos 

El básquet no era un deporte muy regular en Yaoundé, Camerún y los padres de Joel deseaban que este se dedicara al voleibol o al fútbol. A pesar de las premisas de sus primogénitos, Embiid decidió, como siempre en su vida, ir en contra de la corriente. Tras haber visto por primera vez un vídeo de un partido de la NBA, más precisamente de las finales del 2009, el joven africano sintió un pinchazo en el corazón. La ejecución perfecta de Kobe Bryant, Lamar Odom, Dwight Howard y Pau Gasol, la forma en que estos se movían y el atletismo que compartían llamaron su atención. Le hicieron un clic. Esto era lo que verdaderamente quería y soñaba con hacer. 

Entre plegarias y súplicas durante un año entero, Joel consiguió que sus padres le permitieran jugar el deporte que tanto amaba. Simultáneamente, el interno de los Sixers comenzó a adentrarse en la cultura norteamericana y los discos de famosos cantantes de rap como Lil Bow Wow o Ciara empezaron a formar parte de su repertorio musical. Además, en las canchas era un jugador de la NBA, anotando a mansalva y gritando con énfasis “¡¡¡Kobe!!!” cada vez que la pelota entraba en el círculo del aro. 

Tras su amor a primera vista, el camino parecía fácil. A los 16 años ya medía más de dos metros, su físico era anormal para un chico de su edad y tenía todas las herramientas para triunfar en el deporte de la naranja. Sin embargo, un día fue invitado a participar del campamento que el jugador de la NBA, Luc Mbah a Moute, organiza todos los años en Camerún. La confianza con la que Embiid dominaba en los partidos callejeros se cayó más rápido que las fichas en un juego de dominó. 

Tal es así que el primer día del evento el pívot estaba tan nervioso que no se animó a presentarse. Afortunadamente, asistió a la segunda jornada, dio muestras de lo que podía hacer en el rectángulo de juego y dejó grandes impresiones acerca de su talento. Luego, formó parte del programa de Baloncesto sin Fronteras y, dos meses después, estaba armando las maletas para enfrentar un nuevo desafío. Era hora de despedirse, el momento de que JoJo se mudase a los Estados Unidos de América para alcanzar su sueño, ese que había comenzado a gestarse mientras se emocionaba viendo a Kobe festejar un campeonato. 

Los primeros pasos 

Lejos de casa, en otro continente y sin sus padres por primera vez, la aventura americana fue dura para Joel al comienzo. Los constantes apodos por su escuálido físico y el hecho de que no hablara muy bien el inglés, le convirtieron en un objeto de burla para muchos de los alumnos del colegio secundario al que asistía en Florida. Pese a las barreras, Embiid continuó trabajando duro, viendo videos de su héroe (Hakeem Olajuwon) y entrenando en el gimnasio como una rata de laboratorio, sin parar. 

Rápidamente su producción comenzó a crecer y su figura se erigía imponentemente. El talento que tenía para anotar en la llave, sus kilos y su altura le permitieron ser un mandamás en la secundaria y le permitieron guiar a la escuela The Rock al campeonato estatal, consiguiendo 33 victorias en 37 partidos y liderando al equipo en puntos (13.0), rebotes (10.0) y tapones (2.1). 

Tras sus producciones de película, todas las universidades conocían el nombre y apellido de ese chico que había llegado desde África para cumplir su sueño. Todos los entrenadores querían tenerlo en sus filas, reclutarlo para sus programas deportivos. Por el otro lado, Joel estaba indeciso, no veía las diferencias entre unos y otros. Esto cambió cuando decidió hablar con Mbah a Moute, el jugador que le sacó de las sombras y quien se había convertido en su amigo, en una de las únicas personas en las que el africano verdaderamente confiaba. 

Su escepticismo era tal que no sabía lo que le esperaba, el cambio de escena que se venía. “Yo ni siquiera sabía lo que era la Locura de Marzo (March Madness). No conocía cuáles eran los buenos equipos. La única razón por la que me decanté por Kansas fue porque Luc (Mbah a Moute) me lo había aconsejado“, expresó el de los Sixers. Con inexperiencia e inconsciencia, el joven proyecto se vio obligado a hacer nuevamente las maletas, era hora de moverse, de dar el siguiente paso que le permitiría cumplir sus objetivos. Las cartas estaban sobre la mesa, pero el futuro se mantenía incierto. 

Hacia rutas salvajes 

Corría el 2013 y la Universidad de Kansas había conseguido reclutar a dos de las mejores promesas de los últimos tiempos: Andrew Wiggins y Joel Embiid. Internacionales ambos, empezaban a plasmar el baloncesto que se venía, aquel que sería dominado por los jugadores extranjeros que se van a formar de pequeños a los Estados Unidos. Consecuencia de situaciones similares, la amistad de estas dos estrellas fue creciendo con el tiempo y, hasta el día de hoy, siguen siendo mucho más que excompañeros de equipo. 

Pese a haber sufrido algunos contratiempos, Joel se mentalizó rápidamente y se convenció de que sería el mejor jugador de baloncesto de la historia. Pero el camino era brusco y nadie le regalaría nada. Sabía que tendría que ser algo más que un buen interior y para trascender necesitaba mejorar sus movimientos de cara al aro, principalmente su tiro de media y larga distancia. ¿Cómo lo logró? Buscando en YouTube la mecánica de tiro con la que los hombres blancos lanzaban. Viendo vídeos en el conocido portal y luego aplicando los conocimientos en la cancha, el africano mejoró sus porcentajes a base de repeticiones y esfuerzo constante, tal y como le habían inculcado sus padres desde pequeño. 

A medida que pasaban los juegos Joel era cada vez más dominante y su diversidad dentro de la cancha era cada vez más visible. Nadie podía frenarlo. Su rango de tiro era cada vez más lejano, los movimientos de pies comenzaban a ser similares a los de su prócer Hakeem y el físico empezaba a crecer en forma de kilos. Todo iba viento en popa hasta que, el 11 de marzo de 2014, la Universidad de Kansas lanzó un comunicado expresando que Joel Embiid se perdería unos cuantos partidos por una lesión en la espalda. 

Lamentablemente, esa lesión no se curó en el tiempo estipulado. Simultáneamente, Kansas fue eliminado en la tercera ronda del torneo de la NCAA, por lo que Joel nunca volvería a vestirse con la camiseta azulgrana de los Jayhawks. Apenas dos meses después, Embiid ya estaba medianamente curado, por lo que tomó la decisión de declararse elegible para el draft de la NBA, abandonando su condición de estudiante para dedicarse a vivir del deporte que lo cautivó desde el momento que lo conoció. Su sueño estaba cada vez más cerca, era imparable y nadie le podía convencer de lo contrario. 

Sueños de libertad 

Su capacidad física, la versatilidad para jugar y defender en múltiples posiciones, el salto vertical y el talento tanto para rebotear como taponar colocaban a Embiid en el puesto número uno del draft en todas las predicciones posibles. Sin embargo, en una sesión de entrenamiento con Cleveland Cavaliers (tenían la elección número uno) sufrió una fractura por estrés en su pie derecho. Luego de ser sometido a una operación quirúrgica se confirmó que su baja sería hasta de ocho meses. 

Inmediatamente su proyección en el draft cayó de forma drástica y los entrenadores comenzaron a dudar de sus condiciones físicas. ¿Está listo para la NBA? ¿Su cuerpo podrá aguantar la rigurosidad del calendario? Todas eran preguntas sin respuestas que giraban en el colectivo de la liga. Por fortuna, Philadelphia 76ers tomó el riesgo y lo seleccionó en la tercera posición del sorteo, permitiéndole ser el tercer jugador camerunés en llegar a la NBA tras Ruben Boumtje-Boumtje y su mentor Luc Mbah a Moute. 

Lamentablemente, en sus primeras dos temporadas en la liga las lesiones se apoderaron del pívot como las bacterias en una comida caducada. El futuro parecía no sonreírle y la posibilidad de dejar el baloncesto volvió a estar latente en él. Entre fantasmas del pasado y medios de comunicación pesimistas, el africano volvió a sobreponerse a su inconsciente y, tras una ronda de cirugías en el pie derecho, comenzó su puesta a punto para llegar sano a la temporada 2016-2017. 

El 4 de octubre de 2016, Embiid se vistió de corto por primera vez como jugador NBA y fue colocado como titular en el primer partido de pretemporada de los Sixers ese año, consiguiendo 6 puntos, 4 rebotes y 2 tapones en 13 minutos de juego frente Boston Celtics. A partir de eso, Estados Unidos fue testigo de la leyenda resurgiente del africano.

Todo por venir 

Hoy en día JoJo gana millones, pero él todavía es un chico más de Yaoundé. Un joven que continúa conociendo el amor en las jugadas de Hakeem Olajuwon, alguien que tras anotar un tiro sigue gritando “¡KOBE!” como si estuviera en las canchas callejeras de Camerún. Aquel que sueña con llegar a América algún día y convertirse en esa persona que ve en los vídeos que le regalan cada tanto sus conocidos. 

Porque lo importante no es preguntarte si tus sueños son locos, lo importante es preguntarte si son lo suficientemente locos. Porque lo fundamental es creer en ellos, incluso si eso conlleva sacrificar todo. 

 

Ignacio Miranda/ [email protected]
En Twitter: @basquetplus
En Twitter: @nachomiranda14

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