Informe especial

Antonio Manno y el VeDiMe: historia de un bohemio adelantado

08:41 21/05/2020 | Cordobés, entrenador, apasionado por el básquet, le dedicó toda su vida a un sistema de juego que fue muy criticado en su momento y que se parece bastante al de hoy.

Antonio Manno es de ese tipo de personas que con los años se va convirtiendo en un mito. Nacido en Córdoba en marzo de 1936, Manno era un apasionado del básquet desde joven y era capaz de vender un auto, como hizo, para instalarse unos meses en Estados Unidos para ver básquetbol universitario de cerca para aprender. 

Justamente a su regreso de esa especie de viaje iniciático, y mezclando lo que había visto con ideas que había sacado del otro básquet de moda del momento, el yugoslavo, en la década del 70 empezó a darle forma a un sistema de juego al que llamó VeDiMe: velocidad y dinámica mecanizada. 

Manno era de esos tipos cuasi fundamentalistas y a partir de ahí usó siempre ese estilo en todos los equipos que dirigió, adaptándolo, obviamente, a medida que avanzaban los años, sobre todo cuando se implementó la línea de tres puntos. 

Uno de sus principales alumnos, Daniel Beltramo, dice: "El VeDiMe era un sistema con 21 puntos, de los cuales los primeros cuatro eran los más importantes, aunque el clave era el 7. Es un fundamento filosófico". Los puntos indicados por Beltramo son:
 

1. Defensa Individual hasta la línea de 3 puntos.
2. Contraataque.
3. Salida rápida o transición ofensiva.
4. Regreso a la defensa o transición defensiva.
5. Ofensiva versus todo tipo de zonas tradicionales.
6. Ofensiva individual hasta la línea de 3 puntos.
7. Defensa individual toda la cancha a presión “sofocante”.

Para Beltramo, la clave es el punto 7 porque es el estado natural del sistema. Es decir, se ataca rápido, intentando tener ventaja antes que el rival se acomode, y se toma el tiro en el momento que se tenga, sea a los 3 o a los 20 segundos. Y si se erra no es tan grave porque se vuelve al estado natural, que es la presión defensiva. Sintéticamente, esa es la base del sistema. 

Manno lo fue puliendo en los distintos equipos que dirigió y lo heredaron sus dos principales asistentes, Beltramo y José Podskoc, que lo utilizó, por ejemplo, en La Unión de Colón en el TNA en los 90, equipo donde jugaba Paolo Quinteros. Dice Paolo: "A mí el sistema de José me vino bárbaro porque a mí me gustaba mucho esa idea de dinámica y contraataque. Y me sirvió mucho porque de ahí me fui a Estudiantes de Olavarría con Sergio (Hernández), que tenía un sistema de juego con muchas similitudes". 

Justamente Hernández fue hace poco el encargado de reivindicar a un hombre como Manno, que en su momento no era tomado muy en serio por el ambiente. Quizá incluso hasta por la gracia que causaba la palabra VeDiMe. Se lo tomaba como a un loco simpático, pero con una idea que no cuajaba con la realidad del momento. "Antonio era un bohemio -dice Daniel Rodríguez, otro de los que estuvo cerca de él y que lo terminó llevando a GEPU-. No tenía una gran formación académica como entrenador, pero era un estudioso del juego. Y compartía sus apuntes, porque no había internet, obvio". 

La idea de Manno partía de un principio filosófico, pero basado en una realidad argentina. Dice el Zeta: "Él decía que en Argentina, si queríamos tener alguna chance de trascender, teníamos que cambiar la forma de jugar, porque no teníamos gigantes como las potencias. Que no los podíamos copiar a ellos. Entonces ideó este sistema que se sostenía en la velocidad y la presión defensiva". 

Manno no tenía vueltas. Era así o no era. "Yo discutí mucho con él -sigue Rodríguez-, porque era muy cerrado. Para él era blanco o negro. Él quería que el jugador presionara toda la cancha, retrocediera defendiendo, para conseguir que ése fuera el estado en donde su equipo se sintiera más cómodo, entonces no le importaba darle la pelota al rival a los 5 segundos o en 10, porque cuando atacaba el rival era donde el equipo mejor se sentía". 

Manno dirigió muchos equipos en su carrera, desde Unión Progresista de Villa Ángela hasta San Isidro de San Francisco, pasando por el GEPU 1992/93 que terminaría saliendo campeón de la Liga con un estilo que no se había visto nunca antes. Manno arrancó esa temporada haciendo dupla técnica con Orlando Ferratto y luego de una salida confusa tras 13 partidos, quedó solo Ferratto. GEPU había fichado a Juan Espil y a Esteban Pérez como anotadores, y mantenía a Gustavo Fernández como base. El cuatro era Roland Houston y el cinco, Carl Amos. Salvo Espil, los otros cuatro tenían excelentes características defensivas, pero lo que caracterizaba a ese equipo era la cantidad de triples que tiraba por partido, algo poco común en esa época y que hoy es de lo más natural.

Dice Esteban Pérez: "Nosotros jugábamos a correr y tirar rápido de tres puntos. Defender duro primero, pero después correr y tomar posición rápido. Desgastar corriendo. Para poder jugar así teníamos que estar perfectos físicamente, pero la verdad es que casi no hubo lesiones. El tiro de tres puntos era central y nosotros no dudábamos. Juan y yo teníamos total libertad. Había dos sistemas, uno para Espil y otro para mí, ambos para tirar de tres".

Ese año, GEPU tiró 533/1374 en triples, con un altísimo 38.8% de efectividad. Hoy sería un número normal, porque en promedio fue 9.2 convertidos y 23.7 tirados, algo que en la 2019/20 anotaron 6 equipos y lanzaron ¡14! Pero en esa época, GEPU no solo le sacó casi uno de promedio convertido al segundo (Gimnasia de Comodoro), sino casi dos al tercero (Boca). Espil solo tiró más triples que todo Ferro, Gimnasia (P) e Independiente (N).

Otra de las ideas visionarias de Manno era su concepto del espacio. "Él te decía -comenta Beltramo, que estuvo como asistente de Manno desde 1995 hasta que asumió como DT en San Isidro-, que la cancha tenía 440 metros cuadrados y que había que usarlos todos. Y obligaba a que los pivotes tiraran de tres puntos, porque pensaba que los gigantes rivales lejos del cesto eran uno más, y cerca del aro eran un problema. En esa época, que los grandes tiraran de tres no era habitual. No es que tuviera estadística avanzada, pero él me pedía siempre la cantidad de contraataques que hacíamos nosotros y la cantidad de ataques fijos que hacía el rival. Para mí era un genio". 

"Él hablaba mucho de mecanizar muchas cosas, y en eso yo no estaba de acuerdo -dice Rodríguez-. Por eso cuando tomé GEPU, busqué hacer algo parecido pero con mayor libertad. Él le ponía una tarea puntual a cada jugador y tenía que limitarse a eso".

El Lobito Fernández lo recuerda con afecto y cariño: "Antonio era una persona y un técnico muy especial. Una combinación entre los técnicos actuales y las leyendas. Una particularidad de era que siempre nos entrenó de pantalón de vestir y camisa, muy al estilo de los antiguos entrenadores, pero con una cabeza muy actual. Era muy exigente pero muy respetuoso a la vez y con un sentido del humor que lo hacía muy atractivo de escuchar todo el tiempo". 

Rodríguez fue el que lo termina llevando a GEPU en 1992. "Yo estaba muy pasado de vueltas y decidí quedarme al margen ese año. Pero seguí ligado y lo llamé a Antonio para que dirigiera a Aviador Origone, también de San Luis, para que participara de la formación de los jugadores, porque ahí poníamos a los jóvenes que queríamos que terminaran en GEPU. Después pensamos que lo mejor era que hiciera una dupla con Ferratto en GEPU, pero la historia no terminó bien, porque Manno se peleó con Rodríguez Saa y se fue". 

Orlando Ferratto, su compañero en esa temporada que terminó con título para GEPU, tiene una visión un poco distinta: "El corazón de la idea era la intensidad, con un gran desgaste físico, tanto para atacar como para defender. Por eso rotábamos mucho. Y en GEPU nadie salía enojado. Al equipo lo criticaron mucho porque decían que jugaba a la brasileña y que tirábamos tiros de tres puntos en contraataque, algo que hoy ves con normalidad. No recuerdo que eso fuera parte del VeDiMe. Él se terminó yendo porque se peleó con Rodríguez Saa, no conmigo". 

Tras 29 partidos de la temporada 1992/93, habiendo ganado 24, Antonio Manno se fue de GEPU, quedando solo Ferratto al frente. Luego tuvo su paso por San Isidro, pero ya nunca más volvió al centro de la escena. El 10 de abril de 2010, falleció a los 74 años, con el reconocimiento de pocos. Hoy, el básquet moderno se parece bastante a lo que él soñaba. Quizá se adelantó demasiado.

Fabián García / [email protected]
En Twitter: @basquetplus

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