¿Qué quedó del paso de Argentina por la Americup?
15:17 01/09/2025 | El equipo se fue con muchas más cosas en las valijas de las que llevó y confirmó que el proceso va encaminado, pero que no será fácil.
La Americup 2025 fue un torrente de sensaciones. Aunque usted no sea seguidor de las redes sociales (nosotros las evitamos lo máximo posible, pero no podemos del todo porque también son herramienta de trabajo), pasó de todo con este equipo desde la etapa de preparación hasta el final anoche en Managua.
Primero, los amistosos, donde el plantel fue armando su estructura de juego, con una base, pero también muchos jugadores jóvenes y nuevos y otros que llegaban con mucho desgaste desde las finales de la Liga Nacional. Así y todo, se empezó a ver algo interesante, tanto en el aspecto defensivo como en el carácter para bancarse los golpes del juego físico de los equipos africanos. También se vio la otra parte de la realidad. Ante un equipo top europeo, como Italia, costó competir.
A Nicaragua se fue buscando sentar las bases para el plantel que deberá reinsertar a Argentina en un Mundial, tras perderse el del 2023. El camino quedó comprobado que no será fácil y que cada uno de los 12 partidos tendrá vital importancia, por eso era importante que este grupo tomara un nuevo status a futuro. De los que fueron a Managua, salvo Juani Marcos cuando haya Euroliga y Trouet, que está en la NCAA, el resto podría concurrir siempre. No es un dato menor. Claramente entre los 12 partidos no habrá una rotación alta de jugadores, como pasó en el proceso 2021-2023.
Argentina tuvo en la Americup el rendimiento de un equipo joven, inexperto, con talento, con las emociones volátiles de la nueva juventud, que vive todo en períodos cortos e inestables, y por eso su juego fue un reflejo de eso. Nervios contra Nicaragua, desafío contra Dominicana, apatía contra Colombia y, de ahí en más, la necesidad de demostrar. De decirle a todos que son merecedores de ponerse la camiseta de Argentina. Que pueden respetar la historia de capacidad táctica e inteligencia para jugar. De compromiso de grupo, de orden en el juego.
La confianza fue la protagonista central, otra vez relacionado al tema juventud. Si bien Prigioni se apoyó mucho en dos veteranos (Brussino y Vildoza, con Pepe siendo relativo en el rol de veterano), también en el tercero mayor (Vaulet), pero después dependió de la entereza mental de un grupo liderado por un escolta de 23 años (Corbalán) y un interior de 22 como Juan Fernández, al que no se le conocía esa faceta. En eso, Argentina respondió bárbaro. Con la confianza alta, se quisieron comer el mundo. Con al confianza baja, se les nubló el presente.
Desde lo basquetbolístico, el equipo cumplió sin dudas en el aspecto defensivo, más allá de errores. El tema de los rebotes se sufrió siempre y seguramente se seguirá sufriendo mientras no se consolide un equipo estable más atlético, quizá cuando Cáffaro termine de desarrollarse y se pueda sumar Aaliya, Kropp y alguno más. O aleros altos que ayuden en eso. Pero en general se jugó bien ahí, con buenas defensas zonales en momentos clave, incluso. Y por momentos, también del uno contra uno. Especialmente ante Canadá.
El sistema ofensivo, para los que siguen pensando que la filosofía de Prigioni es correr y tirar (muestra que en general no se analiza y solo se escupen opiniones sin mirar demasiado), se pareció por momentos mucho a lo que sería el ideal de equipo. Defender muy duro, provocar tiros incómodos y así poder correr la cancha para encontrar puntos rápidos (como ante Canadá), tiros abiertos buenos (no importa si a los 4 segundos o a los 20), o cortes al cesto para buscar bandejas o faltas.
La forma en la que lo buscó fue cercana a lo perfecto contra Canadá, un rival de físicos europeos, pero que también por ser joven se vio abrumado por los argentinos. Muchos pases, mucho movimiento del balón, penetraciones y descargar, segundas penetraciones y descargas, y así. Menos sistemas y más concepto. Hubo jugadores que dieron un claro paso adelante, como Fernández, Corbalán y Vildoza, consolidándose como parte del núcleo duro. Otros necesitan mayor rodaje, siendo Cáffaro el caso más claro. Pero también Trouet, Bocca (muy verde todavía).
El balance fue muy positivo, porque el grupo se autoconvenció del nivel que podía alcanzar y, llegado ese punto, a quién podían vencer con ese nivel. Le ganaron a dos rivales más poderosos en lo físico y en experiencia y perdieron una final en la que salieron pocas cosas bien. No pasa nada. Es un callo más de los varios que se llevaron de Nicaragua. De los que sirven para crecer, que hoy es el principal objetivo.
Fabián García / [email protected]
En X: @basquetplus
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