Historia

Nocioni y su radical cambio del cielo argentino al infierno francés

08:45 19/06/2025 | El Chapu venía de saborear la gloria con un subcampeonato del mundo con la albiceleste. Sin embargo, el entrenador de su equipo tenía planes muy distintos a festejar.

Nocioni, de Selección y de Baskonia

El 2002 fue un año bisagra para el básquet argentino. En Indianápolis, la Selección reaparecía en una final mundialista luego de decadas y desafiaba de igual a igual al Dream Team en su propia casa. En esa gesta histórica, uno de los estandartes fue Andrés Nocioni, que con su entrega desbordante se ganó un lugar eterno en la memoria. Pero esa medalla de plata, más allá de lo gloriosa, tuvo sabor fugaz. Apenas tres días después de rozar el cielo con las manos, el santafesino ya estaba metido en una de las pretemporadas más duras de su vida, en la altura de Francia, por orden de un entrenador que no sabía de celebraciones.

“Nosotros salimos subcampeones en Indianápolis y a los tres días volví a España y me metieron en una de las pretemporadas más duras de mi vida en Font-Romeu, Francia a 4500 metros de altura. La verdad que yo que me quería matar y habíamos salido subcampeones del mundo, habíamos tocado el cielo con las manos y ni festejamos”, recordó Nocioni en el podcast Libres de Humo, conducido por Martín Reich y el Papu Gómez. La imagen es potente: del festejo mundial al entrenamiento militar en altitud, sin pausa, sin homenajes. El profesionalismo en su estado más crudo.

Aquel Baskonia dirigido por Dusko Ivanovic, un serbio reconocido por su rigor casi espartano, no entendía de premios emocionales. La exigencia era el único lenguaje aceptado. “Veía como que habían pasado 20 años del subcampeonato, te juro que íbamos en una camioneta con Fabri (Oberto) y Luis (Scola) y sabíamos lo que no se nos venía porque teníamos un entrenador serbio (Dusko Ivanovic) que era realmente duro, pero duro eh. Íbamos con una depresión, cabeza gacha, sabiendo que nos iban a matar y si nos mirabas en ese entonces no ibas a pensar que estos tres eran subcampeones del mundo la semana pasada”, confesó el ex NBA. 

La preparación en Font-Romeu fue casi un retiro espiritual, pero en versión pesadilla. Quince días en la montaña, al borde de la extenuación física, con sesiones que marcaron al Chapu para siempre. “Nos comimos una pretemporada de quince días metidos en la montaña y te juro que fue una de las peores experiencias de mi vida y después de haber estado tan cerca de algo tan importante, algo no lo disfrutamos casi nada”, relató. 

Nocioni, siempre frontal, cerró con una reflexión tan sincera como reveladora: “Normalmente la gente cree que cuando uno sale campeón es un disfrute increíble; y normalmente se festeja esa noche y no mucho más”. La frase desarma la visión romántica del éxito deportivo. Para los que están adentro, no hay pausa. La gloria dura lo que un suspiro, porque enseguida aparece el próximo desafío, el próximo rival, la próxima montaña que escalar. Y en ese 2002, a Chapu le tocó una bien alta. Literalmente.

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