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Pepe Sánchez: "La idea no es relevante, lo que importa es su implementación"

08:34 18/04/2020 | Para los que no escucharon el podcast con Pepe, acá va el desgrabado de la larga charla que tuvimos con el base campeón olímpico y hoy cabeza del proyecto Bahía Basket.

Foto La Nación

Lograr convencer a Pepe Sánchez de hacer un podcast llevó su tiempo, pero el objetivo se alcanzó y ayer subimos en todos los sistemas (web, Spotify, Google Podcast, Apple Podcast), el audio con la charla, pero como queremos que todos la disfruten, también te la damos en texto. Aquí va.

-¿Qué le pasaba por la cabeza al pibe de 17 años que le dice al papá "me voy a Temple"?
. Mi caso era un poco especial. Tenía la necesidad de buscar límites, desafío por algo que todavía no se había logrado. No sé de dónde traigo eso ni por qué, pero fue una variable constante en mi vida. Hoy los chicos están mucho más preparados que nosotros, tienen más herramientas. Yo fui a buscar esas herramientas. Ellos las tienen. Apretan un botón y las tienen. Yo me fui a Estados Unidos porque acá veía a las 12 de la noche en ESPN el básquet colegial y quería vivir cómo era eso, quería tocarlo. Hoy, por darte un ejemplo, Ezequiel Paz, el último chico que trajimos nosotros, antes de empezar los entrenamientos, me llaman de Básquet sin fronteras y estaba en Estados Unidos en un campamento NBA sin haber tenido una sola práctica con Bahía Basket. Es imposible comparar. Maxi Fjellerup a los 17 años comía lo mismo que Scola a los 35. El piso que usan para entrenar es el mismo que la NBA. Nosotros antes de ir a un Mundial nos entrenamos con frío y en una cancha donde un metro después de la línea había una pared. Se debate mucho sobre ideas, pero en realidad no es lo primordial. En Youtube tenés un tutorial sobre todo, querés saber cómo juega Boston y lo tenés. El tema es la implementación. Hoy los chicos son más abiertos, son mejores físicamente porque tienen acceso a muchas cosas que nosotros no teníamos. Deberían ser mejores que nosotros. Si no lo son, deberían. Los mejores siempre están por venir. Para talento, siempre uso el ejemplo de los bases, que es lo que yo viví. Cortijo, Milanesio. ¿Querés talento? Ahí tenés para tirar para arriba. Se debate si podrían jugar en esta época. Claro que sí. Con estas herramientas. Si el juego es el de hoy, Milanesio, Cortijo, Prigioni, Pepe Sánchez o el que quieras. Nacen y hoy tienen 18 años. La unica forma que conocerían de cómo se juega sería esta. Milanesio no se transportó en los 80 o 90 a 30 años atrás. Jugó como se jugaba en su época. Por ende, todos jugarían como se juega hoy. No llegás a ser de super elite si no tenés amor por el juego. Y el que tiene amor por el juego busca y busca. Oberto a los 18 buscaba a ver cómo le crecían los músculos, y la proteína, y así cada uno de los que pudimos trascender dentro del juego. Juan Espil, hoy, no solo jugaría en la NBA sino que sería muy buscado: 1.95, atlético, con un rango de tiro de tres de 9 metros...no tengas ninguna duda. Pichi Campana, en el juego de hoy encima. ¿No tenía tanto tiro de tres? No importa, se aprende. Como hizo Scola cuando fue a Toronto. 

-¿Por qué es más fácil jugar hoy en la NBA?
. Varias cosas. Hay una apertura muy clara post globalización. Se ve con muy buenos ojos tenes jugadores extranjeros que te abran el mercado de un país entero. Si vamos al juego, hoy se relaciona más con el tiro y abrir el juego. Al extranjero no ser más tabú, se mira más hacia afuera. Hay competencia feroz por descubrir ese talento en la NBA. Además antes la NBA era muy física, te cagaban a trompadas. Ahora es una NBA muy versátil. Nadie quiere fuerza. Se requiere rapidez y tiro. Una NBA donde un jugador como Brussino puede tener un lugar. Con 2.07 y tiro puede. Hace 20 años, al no ser fuerte físicamente, no hubiese podido. 

-¿Cuántas veces te viene a la mente la concentración de Jujuy cuando eran cadetes?
. Para mí ese es el inicio de la Generación Dorada, pero claro, yo estuve. Los que no estuvieron te dicen otro momento. Ahí se gesta algo, empieza algo diferente. Y éramos varios: Leo (Gutiérrez), Lucas (Victoriano), Gaby (Fernández) y yo, más Gaby Riofrío, que era el mejor jugador que teníamos. Cuando llegaron los demás, Manu, Oberto, etc, ya había una base. Las concentraciones con Vecchio eran criminales. Empezamos a tocar nuestros límites y a soportarlos. Después fuimos a Jujuy a la Mina Aguilar...todo muy noventoso. El sacrificio...a nosotros nos sirvió.

- Tengo un problema con la palabra sacrificio. No me gusta como mensaje en el deporte que se diga que se necesita sacrificio para llegar. 
. No, esfuerzo es la palabra. Nosotros somos hijos del culto al sacrificio, pero eso fue lo que hicieron los inmigrantes. Eso era sacrificio. Lo nuestro funcionó, no para todos, porque muchos quedaron en el camino, pero era una forma muy darwinista. El que sobrevive sigue. Si me preguntás hoy si creo en eso, te digo que no. Hay formas más disfrutables y eficientes. Pero hoy tenemos información, neurociencia, que te hacen entender. Si agarrás a Bahía Basket hace 6 años y hoy, es un proceso donde fuimos pelando capas para entender que todo está más relacionado con el disfrute. Creo que va a haber un cambio muy grande en el alto rendimiento, con eso del sacrificio, porque si bien genera resiliencia, no es bueno y no deja buenas secuelas. 

- Por ahí es una necesidad que una generación se sacrifique por la que sigue. Como los inmigrantes lo hicieron para que la siguiente estudie, quizá ustedes también lo hicieron para que ahora los que están disfruten de ser Argentina, cuando hace 20 años eso se padecía. 
. Sí, lo veo un poco así. Creo que nuestra misión es ayudar a que eso no sea así. 

- Aparte la palabra sacrificio hasta espanta al talento. 
. Lo espanta. La cantidad de gente talentosa que queda en el camino. A Victoriano siempre se le reprochó que no tenía sacrificio. Yo creo que con él tocaron las teclas equivocadas. Era el mayor talento de nuestra generación. Hoy Victoriano con 18 años sería primera ronda del draft, sin dudas, y top 15, probablemente. Antes si no eras sacrificado eras un vago. La consigna tendría que ser siempre que disfrutes del básquet. No puede ser que mi generación casi todos a los 28, 29 años teníamos la cabeza quemada. Yo quiero creer que nosotros hubiésemos sido mejores todavía sin tanto sacrificio.

- En esta última etapa con el Dow, reconozco que a veces me agobia pensar que los chicos que viven ahí se levantan, comen, meriendan y cenan viendo la cancha. Supongo que habrás estudiado eso antes. 
. Cuando tenés 16 o 20 años, y pasa como vos decís, que ves la cancha todo el día, si tenés pasión por el juego es lo mejor que te puede pasar. Entiendo que si tenés 30 y una familia, quizá no. Hay estrategias que hacemos para desvincularlos por momentos de eso, para que no canse, pero en el día a día es maravilloso. Como dijo Scola, es Disney. Trabajamos para que durante la temporada tengan días de descanso y vayan a sus casas. Ahora entrenamos mucho más tiempo haciendo cosas relativas al juego, para mejorarlo. Si antes estábamos muy encima de la media, ahora en el Dow le metemos dos horas más por día. Por 300 días, son 600 horas más. Claramente el jugador va a ser mejor. Tienen un mucho mejor ambiente para desarrollarse. Y ahí entonces no es sacrificio sino disfrute. 

- Tenés que tener una cabeza dura igual para superar esa exigencia. 
. Hya dos cuestiones que para nosotros son básicas para que un chico venga. Una es que quiera venir y otra es que tenga mucho, mucho amor por el juego. Si tienen esas dos cosas, tenés media batalla ganada. Ese lugar está hecho para ese tipo de gente. No es para todos. 

- Te vuelvo a tu etapa de jugador. Creciste al lado de Manu y fueron subiendo juntos. ¿Cuando estás arriba de la ola, te das cuenta, se daban cuenta? No era lógico lo que estaba pasando. 
. Una de las cosas que más lamento es que no te dabas mucha cuenta. Éramos todo acción, y el sistema no te deja disfrutar. Ve con malos ojos eso. Te doy un ejemplo. Después de ganar los Juegos Olímpicos en 2004, a las 48 horas estaba haciendo la pretemporada en Sierra Nevada con el Málaga. Y así todos. No nos dejaron disfrutar nada. Ni pudimos volver al país. El sistema te lleva puesto. En nombre de que ganamos mucho dinero. Cuando te querés dar cuenta, medio que todo terminó. 

-¿Y cuando te bajaste de la ola, pudiste entender por qué había pasado todo?
. Creo que hay una deuda grande con las generaciones anteriores. Se vincula todo con el éxodo a Europa y Estados Unidos, que fue muy importante por el roce, pero que tan importante fue también la historia del básquet argentino, desde 1950 hasta nuestra generación. En Argentina hubo cantidad de talentos, sin el roce que tuvimos nosotros, que fuimos lo que fuimos porque había una cultura de básquet muy potente. 

- Tengo una teoría y es que cuando volviste de Europa y armaste el proyecto, pensaste que al segundo año te iban a llover los sponsors e ibas a armar un equipo super poderoso e ibas a salir campeón de la Liga ahí o un año o dos después. Por una viabilidad económica. Y luego el choque con la realidad te hizo recalcular el camino y reconfigurarte. Y después te adaptaste de nuevo con el tema del Dow. ¿Es así?
. No, te voy a decepcionar pero no es así. Nunca tuve ningún aspiracional grande respecto al sponsoreo. Yo quería hacer un equipo competitivo, porque estaba yo, estaba Juan Espil, y sobre todo volver a formar una mística con la ciudad. Lo que era ir a un partido de Liga. Esos objetivos los cumplimos con creces. La cancha se llenaba. Había equipos poderosos como Peñarol y era difícil ganar. Competitivos creo que fuimos, llegamos a ser un equipo interesante, pero mientras yo jugaba, durante 10 horas hacía las otras funciones, entonces era imposible aspirar a ganar la competencia. Jugaba a ganar, pero no tenía la líbido ahí. Para mí ganar era poner en pie el proyecto, al que yo lo pensaba a 10 años. Jugaba más por obligación, porque el cuerpo no me daba. Cuando me retiré, se hizo más compleja obviamente la situación económica, porque encima nosotros decidimos ir por un camino particular: no dependencia del estado. Teníamos claro qué cosas sí y qué cosas no. A partir de ahí, yo descubrí mi vocación. Esto que hacemos es vocación pura. Lo descubrí cuando salí de la cancha. Por eso no es que recalculé. Me motivó el proceso de todo lo que está por fuera. Agarrar un talento y convertirlo en un jugador. Por eso después construí un centro de entrenamiento, no un estadio. Eso es lo que me gusta. 

- En el sentido más estricto vos sos un entrenador. 
. Si vas a la realidad, estoy mucho más cercano a la parte entrenador que a la parte dirigencial. Lo otro lo hago primero por necesidad. Y para poder hacer lo que yo quiero hacer. La vocación del dirigente es fenomenal. Gente que está buscando recursos, para generar recursos para que otros puedan desplegar sus ideas y siempre terminan siendo los malos de la película. Yo todo eso lo hago para generarme un ambiente propio y desplegar mis ideas. Mi lugar es la cancha. 

-¿El Dow cuándo entró en tu cabeza?
. Siempre. De hecho cuando empecé con esto intenté alquilar una nave vacía donde podían entrar tres canchas. Fuimos con mi mujer, que con su socio es la que hizo el Dow Center. Hasta se hicieron los planos. Creo que armar eso tuvo que ver con mi etapa universitaria. Ese proceso invisible donde se hace posible que luego las cosas sucedan. Es más parecido a un facility de la NBA. Y a mí es lo que me gusta. Cada vez me cuesta más lo relacionado con la competencia. Cada vez me gusta más lo otro, la parte de atrás. Los momentos más lindos del año para mí son en la postemporada, donde el resultado no está interfiriendo. Para meterme más en el tema de los resultados, me iría a laburar a Europa o Estados Unidos. En el ámbito nuestro lo que me interesa es la mejora del jugador. Ganar y perder ya no me conmueve. 

- El tema es que necesitás la competencia porque los chicos también quieren competir, ¿no?
. Claro, lógico. Tenés que jugar la competencia. Y necesitás ganar también, obvio, porque necesitás que fluya todo: ganás, viene gente a la cancha, le repagás de alguna manera al sponsor algo...es necesario. Dicho esto, lo que me encanta es lo otro. En 40 minutos por 50 partidos, o sea 2000 minutos, o se despliegan los hábitos o no. En los 2000 minutos se ven los hábitos. Y eso se genera antes. ¿Cuántas variables realmente tiene un entrenador en la influencia del juego? Son pocos los que tienen la capacidad de cambiar algo de forma clara. Después ves el desplegar de lo que pasa antes. Nosotros ni siquiera damos charla técnica, porque el partido ya está jugado. La info la tienen los jugadores. Después es salir a desplegar los hábitos. 

- Me dejás muchas preguntas. Sería injusto decir que subestimás la tarea del entrenador en la cancha. 
. Es un rol. Necesitás un entrenador en la cancha, y que tome buenas decisiones, pero el juego está o no está. Yo ví al Oveja en el Mundial y ahí tenés un entrenador que puede estar sentado observando el juego, que se para para dar cinco pinceladas. ¿Eso que te dice? Que el trabajo ya está hecho. Si tenés que estar improvisando o gritando que defiendan, es que algo está mal. 

- En la selección, que es el ejemplo que das, había una alta dosis de estudio del rival. A mí me da la sensación de que Bahía Basket va más por lo conceptual propio que por lo que haga el rival. 
. Claro, pero eso es circunstancial. Tiene que ver con el personal que tenés, con la competencia. Esa planificación la podés hacer en un torneo como un Mundial o en playoffs, donde jugás contra un rival un partido. Nosotros ahora estamos en el momento de que nuestros jugadores desarrollen su potencial individual. Para nosotros hoy el éxito es que el jugador empiece la temporada siendo un jugador y termine siendo otro. El proceso. Un proceso tiene una idea o un objetivo, desde donde parte, pero después entre la idea y la acción hay dos patas que son fundamentales: una es si es viable con las cosas que tengo, y si la respuesta es sí, cómo la implemento. Muchas veces se salta de la idea a la acción, sin pasar por la viabilidad, entonces muchas veces fracasa, porque te faltan las otras dos cosas. Y qué hacen, vuelven al principio y cambian la idea. Ahí es donde te digo que la idea es irrelevante. Lo que importa es lo otro, la viabilidad y cómo la llevás a cabo. Si conseguís patrones de juego es que hubo una viabilidad y hubo una implementación. Si tenés patrones, los equipos juegan, y no necesitás a un entrenador gritando afuera. Eso lo tiene la NBA y por eso Prigioni se enamora de la NBA. Hay diferentes equipos exitosos de diferentes maneras. Eso es lo que tiene la selección argentina en China. Después tenés tipos fenomenales, como Guardiola, Popovich. Y está bien, son geniales, diferentes. Que hagan lo que quieran. Cuando San Antonio le ganó a Miami la segunda final que jugaron, esto me lo contí Manu, ellos habían entendido que para ganarles tenían que jugar a una velocidad de pase muy superior a la media. ¿Qué hicieron? Generaron estrategias para que eso fuera una realidad. Y después el juego fluyó. Pero no lo hicieron antes de jugar la final. Lo hicieron todo el año. Fue un proceso largo. 

- Si lo resumimos en dos palabras es básquet conceptual. Que el jugador decida lo que tiene que hacer de acuerdo a lo que pasa en la cancha, sin estar pensando en un sistema rígido. Acá se juegan 70 partidos y los de Euroliga unos 80, ¿cómo hacés para entrenar eso siendo que una vez que arranca el torneo casi no te queda tiempo?
. Empezar mucho antes, por ejemplo. Invertir más en la postemporada y en la pretemporada. Entender que quizá la primera parte del año tiene que servir para seguir cimentando el proceso más que para ganar o perder. Y por ahí en enero empezás a darle más importancia a eso. Armar equipos más a largo plazo. Hacer ese esfuerzo. Buscar jugadores que quieran adaptarse a eso. Yo veo el juego en tres puntos claros. La cancha es un territorio geográfico, entonces cuanto mejor ocupes la geografía de la cancha, más espacio vas a tener. Numero dos: tener la capacidad de generar ventaja espacio-tiempo. El tiempo de recorrido que tiene la defensa para llegar al atacante. Cuanto más tiempo y más espacio generás en esa ventaja, mucho mejores van a ser tus jugadores. No es lo mismo el porcentaje de un tirador tirando con un defensor a un metro que tirando con el defensor a tres metros. Si sos exitoso en algo que no tiene un proceso, puede pasar, pero es algo que aparece y desaparece. En la selección, nosotros nos apoyamos en los que venían de antes y esta generación se apoyó en nosotros y los que venían de antes. Y la que venga se apoyará en esta, en la nuestra y en las anteriores. Es un proceso de 60 años. 

-¿Es indestructible ese proceso en la selección?
. No, hay que cuidarlo muchísimo. Muy fácilmente podés dar muchos pasos para atrás, pero siempre tenés una historia a la que volver. En este caso, Luis lo llevó a otro nivel el proceso de los hábitos y estará en los Campazzo, los Laprovittola y el resto pasarle ese legado a la que venga cuando les toque el momento. 

-¿Si te digo Campazzo es el mejor base de la historia argentina, te molesta, te divierte, te parece injusto?
. No me importa ni me hiere. Mi orgullo es ser parte de un grupo selecto de bases, que siempre ha sido una posición con buenos jugadores. Somos un país perimetral. Los Milanesio, los Cortijo, a los que admiré mientras crecía viéndolos jugar. Campazzo es el hoy y el hoy siempre le gana a todo. Facu está en el pico de su carrera y todavía tiene muchas más cosas para generar y convertirse en el base más importante que haya habido. Pero no tengas dudas de que va a venir otro que será mejor que Campazzo. Manu, Oberto, Scola y Nocioni pusieron la vara muy alta. La lógica dice que en algún momento debería igual venir alguien a pelear ese lugar. Campazzo tiene una mentalidad nivel Manu. El embase que tiene no lo favorece nada y lo que hace con ese embase es porque tiene una mentalidad fuera de lo común.

-¿Cuál sería la evolución de Bahía Basket en el juego y en la organización?
. Este año empezamos a ver hacia dónde vamos con el juego, mediante los espacios, el uso de la habilidad individual a favor del colectivo, y ser muy versátiles. Hoy pretendemos bajar los niveles de ansiedad durante el juego y subir los niveles de atención. Ese sería el parámetro. 

-¿Cuánta bola le das a la analítica?
. Mucha, porque revela posibilidades matemáticas que son lo más cercano a la verdad. Es una herramienta muy importante. Te permite tomar decisiones en el macro. Esa información es clave. Y es fascinante. Es una parte del proceso, no toda. 

- Si la analítica te marca que tenés que hacer algo que no te gusta, ¿lo implementás igual?
. No termino de entender qué significa lo que me gusta o no me gusta, si lo que estamos buscando es ser lo más eficientes posible para ganar el partido. ¿Dónde entra el gusto con la eficiencia? El juego es evolución pura y no hay una manera de jugar al básquet. No tengo un gusto. Puedo ver cómo jugó la selección en el Mundial y digo, maravilloso. Y veo la Kinder de Messina de los 80 y digo, maravilloso. ¿Cuál es la idea? Irrelevante. 

-¿Pero viste algún equipo que haya implementado mejor una idea que Argentina en Indianápolis 2002?
. Bueno, la final que te decía de San Antonio contra Miami, a partir del tercer juego me parece. Indianápolos 2002 fue de altísimo nivel. Neuquén 2001 también, pero los rivales eran menores. 

- Te llevo al último tema, ¿qué tendría que ser hoy la Liga como competencia?
. Buena pregunta. La Liga es una liga profesional y si es profesional y tiene reglas, los equipos que tienen más recursos van a armar los mejores equipos y van a tener más chances. San Lorenzo por ejemplo. Mientras vos no rompas las reglas, esto es una liga profesional, tenés todo el derecho del mundo a armar el mejor equipo posible porque querés ganar. Dicho esto, sí creo que deberíamos o podríamos tener subyacente a ese objetivo, tener una mirada un poco más en el desarrollo de jugadores, porque quizá es el rol que le daría más sentido a la competencia. Independientemente que se juegue para que haya un campeón y haya cinco o seis equipos que intenten eso, poder darle una trascendencia a la competencia, que lo entiendan todos, desde el súper equipo al último, que nuestro rol en el básquet del mundo es ser un semillero de jugadores. Eso ya pasa. De hecho la selección que fue a China es un semillero de Liga Nacional. La mayoría jugó acá mínimo 4 o 5 años. No como nosotros que jugamos, como yo, dos. Entonces, una Liga que genera un semillero que termina siendo subcampeón del mundo, más allá del último toque que les da Europa, se debería aprovechar como una gran oportunidad de tener una razón de ser. Si en algún momento lo entendemos como algo clave, hasta nos posicionaría en el mundo, como producto de más lógica, hasta interesaría más a los sponsors, mismo a la gente. Cuando vas al pequeño nicho en donde siempre terminamos discutiendo ideas en lugar de implementación. Discutimos si San Lorenzo le hace bien o no a la Liga, la cantidad de equipos, y está bien discutirlo, pero el que escucha de afuera y no es del pequeño mundo del básquet, no tenemos forma de meterlo. Ahora si discutimos lo otro, tenemos chances de convertir esto en un nicho. Si no tenés que tener mucha billetera, como hizo la MLS en Estados Unidos. Si no tenés billetera, tenés que tratar de ser muy bueno en algo. Lo hablo mucho con Facundo Manes. A él le pasó cuando volvió al país y se especializó en algo puntual. En el básquet, Australia por ejemplo está haciendo eso. Y dijo, nosotros no vamos a competir con Europa y queremos ser un nicho de la NBA. Que los mejores prospectos, en vez de ir a la Universidad o a Europa empiecen acá. Y generemos las condiciones. Ahora Lamelo Ball, que va a ser el 1 o 2 o 3 del draft quiere comprar un equipo australiano. Y cinco jugadores NBA comprando equipos en Australia. Terminaron convirtiendo a una buena liga en un nicho donde vos sabés que si sos jugador futuro NBA, Australia puede ser tu lugar. 

-¿Cuál es hoy tu negocio con todo esto? ¿Tiene perspectiva económica?
. Si la tuviera sería un genio. En un entorno donde el Real Madrid y el Barcelona pierden el 60/80 por ciento de lo que invierten...esta es una industria donde solamente es un negocio la NBA. En lo personal sería más sencillo irme a trabajar a Estados Unidos, y no lo descarto, porque algún día quizá tome el desafío. Yo tomé una decisión de quedarme en la Argentina con mi familia y construir mis propias reglas y espacios de libertad. A veces es difícil entender eso como ganancia. Ojalá encima pudiera decir que además tuviera una ganancia económica. La realidad es que la Liga es una competencia muy cara y que recibís poco dinero de la televisión. Yo he invertido en este proyecto un alto porcentaje del dinero que gané como jugador. Entonces, en mi caso el negocio es hacer lo que quiero, en el lugar donde quiero, y con las reglas que quiero. Haciendo lo que me gusta.

Fabián García / [email protected]
En Twitter: @basquetplus

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