Las Finales de la NBA del 2006 entre Miami Heat y Dallas Mavericks quedaron marcadas por la polémica. Dwyane Wade brilló en esa serie, liderando a Miami a remontar un 0-2 en contra para quedarse con el título en seis juegos. Promedió 34,7 puntos, 7,8 rebotes y un impacto total en ambos costados de la cancha, consolidándose como superestrella de la liga. Para Dallas, en cambio, la derrota fue dolorosa, con Mark Cuban —dueño mayoritario en ese entonces— convencido de que el arbitraje había favorecido a Miami.
El paso de los años no borró la herida para Cuban, que recientemente declaró: “Me lo llevaré a la tumba, nos lo robaron”. Wade reaccionó de forma sutil a esas palabras, dando un “me gusta” a una publicación con la cita, un gesto que no pasó desapercibido entre los fanáticos y que reavivó el recuerdo de aquellas controvertidas finales.
Sin embargo, la historia tuvo revancha para los Mavericks. En 2011, ya con Dirk Nowitzki en modo imparable, Dallas venció al nuevo súper equipo de Miami —con Wade, LeBron James y Chris Bosh—, ganando los últimos tres partidos de la serie y consiguiendo el primer campeonato de la franquicia. Para Cuban, aquel título fue doblemente especial: no solo por el logro, sino por hacerlo frente al mismo rival que lo había dejado con la espina cinco años antes.
Por su parte, Wade se retiró con un legado intachable: tres campeonatos con Miami, 13 participaciones en el Juego de las Estrellas y un lugar asegurado entre los mejores escoltas de la historia de la NBA. Aunque Cuban insista en que aquella final de 2006 fue un robo, la consagración de Wade en esa serie quedó como uno de los momentos más icónicos de su carrera.
















