NBA

Durant le sirvió el plato frío a Phoenix y confesó: "Me echaron y culparon de todo"

10:50 06/01/2026 | El alero llegó a Houston tras una catastrófica temporada con los Suns, anoche se vengó con una daga ganadora y declaraciones calientes contra la franquicia de Arizona.

Kevin Durant golpea a Phoenix (Getty)

Kevin Durant cerró una noche cargada de simbolismo con una daga desde casi ocho metros que selló el 100-97 de Houston Rockets ante Phoenix Suns, su exequipo. El alero anotó 26 puntos y asumió la última posesión con el partido igualado, clavando un triple a falta de 1,1 segundos que desató su festejo y, después, un descargo sin filtro. La victoria fue especial no solo por el contexto del juego, sino por lo que representó para su propia historia reciente.

Tras el partido, Durant no escondió lo que sintió al enfrentar a la franquicia que lo traspasó el último verano. “Sin ninguna duda fue distinto. Un sitio del que no quería irme. Es la primera vez —no quiero sonar dramático, pero lo voy a ser— que me echan de un lugar”, afirmó el 15 veces All-Star, dejando en claro que el cruce con Phoenix todavía le genera una herida abierta.

El vínculo con los Suns se rompió luego de dos temporadas y media marcadas por expectativas incumplidas, una eliminación temprana en playoffs y un proyecto que nunca terminó de despegar. “Se siente bien jugar contra un equipo que te sacó del edificio y te culpó de todos sus problemas”, lanzó Durant, quien llegó a Houston en un traspaso de alto impacto que envió a Dillon Brooks y Jalen Green a Arizona. “Duele, porque puse todo mi esfuerzo, mi cariño y mi compromiso con los Suns, con Phoenix y con Arizona en general”, agregó.

Más allá del tono duro, KD remarcó que su motivación nace de la competencia y no del rencor personal. “Por los jugadores no siento más que cariño, pero quiero ganar a ese equipo. Quiero demostrarles que todavía me queda gasolina en el tanque. Aunque sea mayor, todavía puedo jugar”, explicó el alero de 37 años, que busca liderar a los Rockets en el Oeste tras un comienzo sólido de temporada.

Con la sangre todavía caliente, Durant también dejó una puerta abierta al paso del tiempo. “Esto es un negocio, así funciona. Cuando juegas contra un exequipo, claro que tienes una espina clavada”, admitió, antes de cerrar con un matiz más calmo: “Cuando llegue a casa esta noche, probablemente ya no me acordaré… intentaré olvidarlo lo antes posible y pensar en el siguiente partido”. Por lo pronto, en Houston celebran una victoria de alto voltaje emocional y deportivo.

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