NBA

El carrusel emocional de Boston: bajas expectativas-ilusión-decepción

12:25 03/05/2026 | Los Celtics superaron pronósticos con una temporada de reconstrucción competitiva, pero la eliminación tras ir 3-1 arriba dejó interrogantes profundos para el proyecto.

Jaylen Brown, un candidato a MVP que cae en playoffs (Getty)

La temporada de Boston fue, en esencia, un viaje de reconstrucción acelerada que terminó chocando contra sus propios límites. Tras un receso marcado por salidas sensibles y la rehabilitación contrarreloj de Jayson Tatum tras la rotura del tendón de Aquiles, el equipo pasó de la incertidumbre a consolidarse como uno de los grandes animadores del Este. Con 56 victorias en fase regular, una rotación joven y una identidad competitiva bien marcada, los Celtics desafiaron el escepticismo inicial y se posicionaron como contendientes inesperados, sostenidos en el crecimiento de Jaylen Brown —cerca de los 30 puntos de promedio en largos tramos— y en una profundidad de plantel que respondió a las exigencias del calendario.

El punto de quiebre llegó en playoffs, donde Boston construyó una ventaja de 3-1 que parecía definitiva ante Philadelphia, pero que terminó transformándose en una caída histórica. La derrota 109-100 en el Juego 7 en el TD Garden no solo selló la eliminación, sino que expuso una fragilidad estructural: fue la primera vez que la franquicia desperdicia una ventaja de ese tipo. La baja de Tatum por molestias en la rodilla izquierda alteró el plan de juego en el momento más crítico, obligando a Joe Mazzulla a improvisar con formaciones atípicas —incluyendo quintetos con tres jugadores sin experiencia previa como titulares en playoffs— que, pese a competir hasta el final, no alcanzaron para sostener la serie.

Más allá del desenlace, la serie dejó señales claras sobre los déficits del equipo. Boston nunca encontró respuestas consistentes para frenar a Joel Embiid tras su regreso en el juego 4, quien dominó el cierre de la eliminatoria y firmó 34 puntos y 12 rebotes en el séptimo partido. A esto se sumó la caída abrupta en la efectividad de tres puntos —uno de los pilares ofensivos del equipo durante la temporada— y una tendencia al aislamiento ofensivo en los momentos decisivos. La tardía reacción táctica, sumada a la falta de alternativas confiables desde el banco en los últimos juegos, terminó inclinando la balanza a favor de Philadelphia.

El cierre deja un escenario abierto pero no devastado. Boston mostró bases sólidas: una cultura competitiva intacta, jóvenes que dieron un salto —como Neemias Queta o Baylor Scheierman— y un núcleo liderado por Tatum y Brown que sigue siendo de élite cuando está sano. Sin embargo, la eliminación reabre debates sobre la construcción del plantel, el encaje de piezas como Nikola Vucevic y la toma de decisiones en momentos límite. La temporada no fue un fracaso en términos de evolución, pero sí una oportunidad perdida que obliga a revisar el rumbo si el objetivo sigue siendo el mismo: volver a pelear por el anillo.

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