Leyenda

Adiós a George Raveling: el coach que unió a Jordan con Nike

15:35 02/09/2025 | Murió a los 88 años George Raveling, un miembro del Salón de la Fama y pionero del básquet universitario. Inspiración de varios cracks, incluido Manu Ginóbili.

George Raveling, un histórico del básquet universitario

El básquet mundial despide a una de sus figuras más influyentes: George Raveling murió a los 88 años, según confirmó su familia en un comunicado. El legendario entrenador, que en 2015 ingresó al Naismith Memorial Basketball Hall of Fame, afrontaba una batalla contra el cáncer que, según sus seres queridos, llevó “con valentía y gracia”. Manu Ginóbili fue uno de los tantos que lo despidieron en redes sociales, destacando su “sabiduría y bondad que trascendieron el básquetbol”.

Con una carrera de más de dos décadas al frente de Washington State, Iowa y USC, acumuló 335 victorias y llevó a sus equipos en varias oportunidades al torneo de la NCAA, consolidándose como un referente de la disciplina y de la formación de jugadores. Su prestigio lo llevó a integrar los cuerpos técnicos de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1984 y 1988, etapas decisivas tanto para el básquet norteamericano como para su propio legado.

Fue justamente en Los Ángeles 1984 cuando marcó un antes y un después en la historia del deporte. Raveling presentó a Michael Jordan con Sonny Vaccaro, ejecutivo de Nike, y convenció al joven astro de apostar por la marca. De aquel vínculo surgió Air Jordan, el contrato que redefinió el marketing deportivo y convirtió a Jordan en un ícono global, con un impacto que todavía atraviesa generaciones. En 2023, la película Air recreó aquel momento, con Marlon Wayans interpretando a Raveling en la pantalla grande.

Pero su vida trascendió el básquet. En 1963, siendo voluntario de seguridad en la Marcha sobre Washington, pidió a Martin Luther King el papel del discurso que acababa de pronunciar: “I Have a Dream”. King se lo entregó y Raveling lo guardó durante más de medio siglo, hasta que en 2021 lo donó a su alma mater, Villanova. Así, George Raveling no solo dejó huella en las canchas, sino también en la historia cultural de Estados Unidos, como testigo y custodio de uno de los documentos más poderosos del siglo XX.

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