Generación Dorada

Walter Herrmann, de ermitaño a revolucionario por la gloria

13:15 26/08/2025 | Un día como hoy, pero hace 21 años, Grecia hacía peligrar el destino dorado de Argentina en los Juegos Olímpicos, pero todo se revertiría desde un cambio inesperada.

Walter Herrmann, el gran revulsivo ante Grecia

Los cuartos de final de Atenas 2004 se convirtieron en el escenario donde Walter Herrmann pasó de la tranquilidad absoluta a transformarse en un revulsivo inesperado. Con Argentina once puntos abajo y Chapu Nocioni afuera por faltas, Rubén Magnano tomó una decisión que sorprendió incluso a sus propios jugadores: mandar a la cancha a Herrmann, que hasta ese momento había tenido escasa participación. El propio alero lo recuerdo con claridad: “Cuando sale Chapu pensaba que podía estar Hugo, no sabía que iba a entrar en el tercer cuarto, pensaba que en el final porque veía el marcador. Pero en el momento que me llama no esperaba eso, aunque estaba súper entrenado como todos, no me agarraban de improviso”.

El ingreso cambió la dinámica. En apenas un par de minutos anotó seis puntos seguidos y contagió una energía distinta: defensa intensa, rebotes, transiciones rápidas y hasta un triple que silenció a los 20.000 griegos en el estadio. “Entré con toda la energía, pero no es que hice 25 puntos y 40 rebotes. Lo que sí es verdad es que cambié la dinámica del juego, porque entré a defender como no defendía casi nunca y a demostrar que podía jugar”, recordó Herrmann, consciente de que su aparición encendió al equipo en un momento límite.

Chapu Nocioni, que debió mirar desde afuera, reconoció años más tarde lo inesperado del movimiento: “Yo no sé cómo Rubén se da vuelta y lo llama. Walter era su gimnasio solo, su trabajo físico, su tirito, digamos él estaba en una burbuja total”. Magnano, en cambio, explicó su razonamiento con claridad: “Yo lo veía a Walter algo revulsivo, algo distinto. No tan estructurado, que capaz se salga del libreto y pueda generar cosas, y se me vino a la cabeza esa decisión que a algunos de los jugadores le sorprendió”.

La apuesta salió perfecta. Argentina ganó el parcial 24-18 y entró al último cuarto con vida. Allí, con la defensa como bandera y el empuje colectivo, liquidó el partido 69-64 ante Grecia, para volver a una semifinal olímpica después de 52 años. Herrmann, que era un ermitaño solo en el banco, terminó como el revolucionario de aquella noche: el golpe anímico que devolvió al equipo al camino que, días más tarde, lo llevaría a colgarse la medalla dorada en Atenas.

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