Informe

Boca, Quimsa y un cambio impactante

13:46 16/03/2026 | Porteños y santiagueños tuvieron una primera mitad de temporada dura, pero desde que cambiaron de entrenador, se mantienen invictos.

Casalánguida y Victoriano se metieron en la cabeza de sus jugadores (IA)

Todo ocurrió en una semana. Primero en Santiago del Estero y luego en la Ciudad de Buenos Aires. Quimsa había decidido unos días antes finalizar su larga y exitosa relación con Leandro Ramella, con el equipo sumergido en una espiral negativa, sumando muchas derrotas en casa y hasta llegando a quedar fuera de los 12 en las posiciones. Impensado. Tras dos partidos dirigidos por el asistente Lato Santillán (victorias ambas), la dirigencia fue por lo seguro: Lucas Victoriano.

Bien lejos de allí, en Buenos Aires, Boca soportaba la peor crisis de los últimos tres años: cinco derrotas en fila, caída en la BCLA de local ante Aguada y mucha incertidumbre. Pese a los indudables logros de los dos últimos años, con 4 títulos conseguidos, y ser del riñón del club, con mucho dolor se decidió cortar con Gonzalo Pérez y también ir por un experimentado, que ya había estado cerca antes: Nicolás Casalánguida. 

Aunque todos esperaban que, en ambos casos, las cosas cambiaran para bien, el vuelco que se ha dado ha sido impresionante. Si sacamos la final de la Supercopa perdida por Boca ante Instituto, ninguno de los dos clubes volvió a caer en este mes y medio. Quimsa hilvana 8 triunfos en fila (6 con Lucas) y, de estar 12º el día del corte de Ramella, hoy está 2º, a medio partido del líder Independiente. Ganó 4 en casa y 2 afuera y hoy podría decirse que es uno de los dos favoritos al título.

En el caso de Boca, la racha alcanza a 5 triunfos en la Liga Nacional y 4 en la BCLA, con la salvedad ya dicha de la final de la Supercopa. De esos 9 partidos ganados, solo 4 fueron en La Bombonerita y 5 afuera, incluyendo 2 por la BCLA en grupos más el de los cuartos ante Instituto por ese mismo torneo. 

¿Hay un factor común en ambos casos? Sí, claramente. Primero, externo. No es lo mismo un equipo malo que despide a su entrenador por temor a descender que un plantel bueno que no cumple expectativas. En este último caso, cuando hay un corte de coach, automáticamente hay una cuestión de responsabilidad que se traslada a los jugadores. El problema real nunca es solo el coach, es una parte. Lo central son los jugadores. Y cuando los jugadores reciben el golpe, aunque sea inconscientemente, sacan algo extra: orgullo, amor propio. Llámelo como quiera. Esto fue súper evidente en los dos partidos de Quimsa con Santillán al mando, uno nada menos que ante Boca en Boca. 

En el caso de los porteños, eso también se vio reflejado, quizá menos. En Boca los problemas fueron distintos, porque el equipo se armó tarde, sus extranjeros llegaron ya en crisis, no se acoplaron bien, se lesionó Cuello y a Gonzalo Pérez le costó navegar la tormenta. Le iba a pasar. En algún momento iba a pagar por su falta de experiencia en crisis, algo que solo se consigue con vivencias. No se compra ni se entrena ni se aprende. Se vive. 

Victoriano en Quimsa hizo un gran trabajo de empoderar a sus jugadores. Quizá una de sus virtudes mayores. Como buen exjugador, sabe el botón a apretar en casa caso, más en un plantel con muchos extranjeros, y la mayoría veteranos. Mezcló lo suyo propio con lo que hablábamos de las responsabilidades. Brandon Robinson, que a punto estuvo de irse a Asia después del clásico de fin de año, se había quedado y cargaba con su posición de líder y mejor pago. Lucas lo supo enderezar. Le dio espacio a Johnson, confianza a Solanas, minutos a Ruesga, acomodó más el puesto del base y eso generó buena energía que, con un plantel con mucho talento, se tradujo en victorias, más confianza, más buena energía y así un camino virtuoso. Hay veces que las cosas se pueden explicar más simplemente de lo que parece. 

En Boca hubo alguna diferencia. Casalánguida les cambió la cabeza. Les dio seguridad y confianza. Estaban todos mal, no uno o dos. Nico cambió eso, con la ventaja del que llega y tiene disponibilidad para tomar decisiones, ya no con el roster pero sí con el juego. Él conocía bien a Smith de México y el cambio del extranjero fue notable. Y, como en Quimsa, una cosa empujó a la otra, la confianza volvió rápido y la crisis se pasó a partir del talento presente y la confianza, sobre todo, y energía recuperada. 

Con Smith bien, más allá de los problemas defensivos que Boca sigue teniendo (aunque menos), la fluidez de los porteños cambió por completo, con más espacios, mejores tiros y juego más dinámico. Subió Scala, Langston (aprovechando la ausencia de Cáffaro por lesión), Giorgetti, Barreiro, el bloque en general, y ahí sí, como en Quimsa, fue una cuestión de un círculo virtuoso que contagia todo lo bueno y disimula lo malo, porque el plantel está.

Aunque la energía física ha cambiado el deporte mundial en los últimos 15 años, el músculo más importante en en esta actividad sigue siendo el cerebro, y la cabeza varía de un momento a otro por mil factores que elevan o bajan la moral y la confianza en segundos. Por eso el entrenador moderno, más allá de saber del juego, claramente se diferencia del resto por su manejo emocional de los grupos y de los individuos. Más claro que en Quimsa y Boca imposible.

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