Felices 29, Facu

El día que Campazzo se plantó ante DeAndre Jordan

08:47 23/03/2020 | El base argentino se enfrentó al interno estadounidense luego de que este lo empujara en un ataque. Una imagen que será recordada para siempre.

(Foto: AFP)

Los Juegos Olímpicos de Rio 2016 tuvieron un componente emocional difícil de explicar para quienes no siguieron de cerca el desarrollo de la Generación Dorada, la camada de atletas más importante en la historia del deporte argentino: Manu Ginobili y Andrés Nocioni jugaron por última vez en una gran cita internacional, Luis Scola se mantuvo como el pilar inamovible de una historia que parece no tener fin, el seleccionado dirigido por Sergio Hernández derrotó al anfitrión Brasil en un partido para el infarto y Facundo Campazzo, eslabón entre las estrellas que se iban y los que recién habían llegado, terminó de consolidarse como el líder de la renovación. No sólo desde su juego, sino también a través de su actitud. El partido ante los Estados Unidos fue una prueba de ello.

Basarse en simbolismos puede ser odioso y, en muchos casos, faltar a la verdad. Los hechos no se cuentan sin contexto porque, probablemente, pierdan todo su sentido. Sin embargo, la imagen que más se recordará de aquel encuentro de cuartos de final puede utilizarse para entender por qué Campazzo es un heredero legítimo del legado, no tanto por las circunstancias del momento, sino más bien por la exactitud de su representación a nivel histórico: el base argentino, de 1,79 metros, haciéndole frente a DeAndre Jordan, pivot estadounidense de 2,11m. Entre ellos, había 32 centímetros y 32 kilos de diferencia.

Todo ocurrió luego de que el interno empujara al por ese entonces jugador del UCAM Murcia y le hiciera golpearse con la espalda de otro rival. Campazzo reaccionó y se incorporó de inmediato, para ir a protestarle esa acción. Pero, en este caso, poco importa lo que sucedió para llegar a aquella imagen. En el momento en el que ambos jugadores se enfrentaban, un fotógrafo de la agencia AFP disparó su flash y captó el momento. Por un lado, un gigante con todas las de ganar y respaldado por su imponencia. Por el otro, un pequeño con un corazón que no es acorde al tamaño de su cuerpo, decidido a reclamar el respeto que merece. La camiseta del Team USA y la de Argentina como armaduras y el recordatorio de uno de los principios dorados más importantes: no achicarse con nadie, por más pergaminos, medallas (o altura) que tenga.

Es cierto: ese valor está estrictamente relacionado a lo que pasa dentro de la cancha. Campazzo, casi como ningún otro, lo defiende mucho mejor desde el juego que a través de discusiones. No obstante, esa imagen es un símbolo perfecto de todo lo que ello representa. Explica que la consideración y el lugar en la élite conseguido (a base de talento y esfuerzo) por los de antes será protegido a capa y espada por los nuevos. Y demuestra, también, que la sangre dorada aún corre por las venas de quienes visten la blanca y celeste.

Leandro Carranza/[email protected]
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